El lujo de volar

Barajas, Madrid

Antes de que viajar en avión implicará centrarse en soñar con el destino, para evitar tomar consciencia de lo reducido del espacio en el que hemos de pasar el tiempo hasta alcanzarlo, volar era una experiencia infinitamente más reconfortante.

El espacio no era un problema, las cabinas se parecían más a la lounge de un bar de moda que al habitáculo de un avión, y todo el mundo -tripulaciones incluidas- parecían disfrutar de la experiencia. Sólo hay que ver la galería de fotos que publicaba recientemente Infinite Legroom, para ver que volar hace cuarenta años no tiene nada que ver a lo que es ahora, al menos para la mayoría.

Las esperas en los controles de seguridad, la drásticas medidas de reducción de equipaje -si no queremos pagar sobrecoste al precio del billete-, y la pésima calidad de la comida a bordo, han hecho que viajar en avión sea bastante menos cómodo que antaño. Cómo consuelo nos queda, el abaratamiento de los precios -volar era un lujo reservado a unos pocos en los años 70’s-, y que ha aumentado la seguridad en vuelo.

En cualquier caso, la pérdida de glamour no ha sido generalizada, porque compañías cómo Emirates, Singapore Airlines o Qatar Airlines -en las lista de mejores compañías del mundo cada año-, siguen ofreciendo suites y servicios premium para los que pueden permitirse el lujo, un nicho que no se ha visto resentido. En el caso de Emirates -la primera compañía en ofrecer servicio de telefonía a bordo-, incluye un baño con spa. Podéis echar un vistazo a las cabinas privadas que Singapur Airlines Suites class ofrece en su A380 de Los Angeles a Tokyo.

Mientras, compañías europeas cómo Air France también buscan ese nicho de pasajeros para los que el precio no es un problema, y ya anunció el año pasado el lanzamiento de una nueva clase, La Première, con cocina de alta gama y cerca de tres metros cuadrados para cada pasajero. Todo un lujo!

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